Revista Dearq 11. Equipamientos. Nuevos desafíos

Colombia —especialmente con proyectos en las ciudades de Bogotá y Medellín— ha gozado en los últimos años de una amplia divulgación en revistas y ha recibido premios internacionales en bienales de arquitectura. Edificios como la Biblioteca Virgilio Barco o el Parque Biblioteca España se han vuelto parada obligatoria en el itinerario de visitantes interesados en arquitectura; pero estos son solo dos casos entre las ya decenas de bibliotecas, parques, plazas, colegios y jardines infantiles construidos con inversiones de los municipios. Lo interesante de las experiencias de Bogotá y Medellín es que las hayan planteado y ejecutado políticos que vieron en los arquitectos sus aliados para realizar proyectos de alta calidad e impacto positivo. Aunque la calidad de diseño y construcción de las obras no siempre ha sido suficiente, y su impacto ha sido inflado a míticas proporciones por las revistas internacionales —a veces como si trataran de revivir al arquitecto como la figura heroica que resolverá todos los problemas de la sociedad—, la experiencia, como un todo, es muy positiva. Sin querer quitarles a los arquitectos el mérito del auténtico entusiasmo y la correcta ejecución de muchos encargos, los que se merecen el reconocimiento son aquellos que, desde la arquitectura, reconocieron la importancia de hacer política y aquellos que, desde la política, vieron las obras arquitectónicas como una inversión en el futuro.
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